Soy un escritor INDEPENDIENTE de una poesía social-amoroso-simpaticona
con aires de prosa, cositas colgando y ciertos adornos.
De sentencias y olores del barrio y del amor,
de perros paseando, gambetas inmaculadas,
caminatas, tíos copeteados, piquitos, y niños corriendo.
Una especie de poesía Juvenil, sin palabras ni oraciones difíciles.
Con un poco de humor, orégano y cúrcuma.

Después edito, imprimo, encuaderno, distribuyo y vendo yo mismo
con amor y también con la colaboración de amigos hermanos,
viajeros y caminantes copados de la misma movida...locuras locas de la AUTOGESTIÓN.

20/3/13

resistir bailando

Caminé despacio hacia la parada del 136. En el camino compré un alfajor de chocolate y mientras esquivaba gente apurada, llegué a la fila.
Detrás del cartelito, por la ribera del cordón, había una señora flaca, un señor de traje y un elefante. Me acomodé detrás de la señora y me puse a mirar los pájaros que descansaban en los cables de la vereda de enfrente.
Dos minutos después vino el colectivo y subimos todos.
Era una mañana fresca, después de una noche lluviosa. La ruta tenía el ruido del viento y las nubes.
En un momento del viaje, nos dimos cuenta que nadie bajaba y que el chofer tenía la sonrisa más grande de la ciudad.  
Nos sentimos felices, livianos y rosados por eso  compartimos el agua de un bidón azul.
Como no sabíamos a donde íbamos el viaje era hermoso. Sentíamos olor a helado, a fútbol, a ropa lavada, a bosque.
Finalmente el colectivo se detuvo. Desde el asiento de atrás, el elefante reía y lloraba. El señor de traje tuvo que ofrecerle un pañuelo.
Se sonó todos los mocos del Oeste y se quedó con el pañuelo para lavarlo. Después nos asomamos a la ventanilla.
El nuevo horizonte era verde, con pasto en todos los bordes. Del costado donde se sentaba la señora, brotaba un árbol chiquito y al frente, lo más maravilloso; En un baile de alegría , toda la manada de trompas sueltas, aplastando el piso y la tristeza, saludaban al nuevo sol, diciendo las canciones más felices con sus gritos trompudos. Tuvimos que refregar el parabrisas para creerlo.
El elefante del colectivo, se paró, nos miró emocionado y nos dijo:
-Estoy soñando con ustedes y estoy feliz, si me despierto, voy a estar preso…
Nos guiñó el ojo, bajó por la puerta de adelante y se sumó a la fiesta.
Sus trompas gritaban de alegría y sus puños en alto, nos hicieron emocionar.
Así aguantaron, bailando en libertad, hasta que llegó la noche.
Como veían que resistían, fueron a llamar a otro elefante. 
IMAGEN : Macarena Asensio

3 comentarios:

Cantares dijo...

De vez en cuando es bueno viajar con elefantes. Nos cambia el humor
Besos

Matias B. dijo...

Qué buen relato, Javi. No lo había leído.
Puede ser; quizás soñar también sea resistir.
Me divirtió mucho. Me encanta que haya elefantes que sueñen con estas cosas.

Anónimo dijo...

Muy emotivo Javier. Por suerte la telaraña, los sueños y los colectivos siguen resistiendo.